Como todas las fiestas, “La Gran Fiesta de la Democracia” deja sus secuelas.

Así que no es raro que “el día después” el señor Rajoy haya estado en paradero desconocido. No sabemos si está cuidando a la niña, si es la resaca electoral o la acidez de estómago que debe provocar cuatro años masticando mierda.

Pero no solo Don Mariano estará pasando un día de perros; el amigo Gaspar Llamazares parece decidido a exiliarse definitivamente a su existencia virtual en Second Life y hasta el mismísimo Joan Puigcercós ha desempolvado el mono de faena y ha anunciado que se va a poner a trabajar….para el partido.

Con todo el malestar que provocan los excesos, hoy deben ser muchos los políticos que a duras penas recuerdan lo que dijeron en plena embriaguez, y entre vómito y vómito deben lamentar nauseabundos la cantidad de chorradas y de faroles que soltaron en plena euforia desbocada.
Rajoy, que en su mitín de Valencia, presentó a España entera a algunas de “sus niñas” y prometió que al día siguiente de las elecciones bautizaría a su famosa niña como “Victoria Esperanza” (Victoria tras la victoria y Esperanza tras la victoria) hoy debe estar encerrado en casa maldiciendo su incontinencia verbal y acompañado por la mas odiada de sus niñas, la de nombre mas ingrato: “Soledad”.
Aunque, le guste o no, la niña es ya tan popular que le acompañará el resto de su vida como una pesadilla….
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